Y plantó un árbol

Hace unos años, un vecino de Madrid, plantó una semilla de níspero (zapote) en el patio del condominio donde vive. Al cabo de los años, aquella planta agradecida fue creciendo hasta hacerse un pequeño árbol. El crecimiento de este representante del reino vegetal, suscitó malestar en el reino de los humanos.

En efecto, los vecinos de los primeros pisos empezaron a protestar por la sombra que les regalaba el indeseado arbolito. Era considerado como una agresión en su espacio vital, y le pidieron que lo cortara.

El bienintencionado plantador, hizo oídos sordos al malestar de sus convecinos, lo cual, como es previsible en el reino de los hombres pensantes, fue acrecentando el malestar en el condominio. En las reuniones de vecinos aparecía como tema recurrente la indeseada presencia del representante vegetal, y sobre todo la incomodidad con el testarudo plantador de la criatura.

Los hombres suelen caer fácilmente en discusiones, contiendas e iras por cosas triviales, insignificantes e intrascendentes. Por cuestiones anodinas, el concierto humano suele perder con extrema facilidad toda armonía. La sola presencia de un simple y humilde arbolito, estaba pasando a males mayores. Dicho sea de paso, en el programa creador, el árbol es anterior a la aparición del hombre, sin embargo no ha decidido todavía cortar al hombre que es tan destructivo y peligroso para el equilibrio de nuestra Tierra.

Lo fantástico de este evento es que un niño nigeriano que vivía a nueve pisos más arriba del arbolito, en una imprudencia, se alzó sobre la baranda de su balcón y cayó al vacío, descendiendo hacia la calle en una carrera vertiginosa hacia una muerte segura. Pero, el arbolito de la discordia, del malestar humano, de las iras de convecinos, acogió al niño en sus ramas que tantas molestias causaban, le amortiguó la caída y le salvó la vida.

Los padres de origen nigeriano, dieron gracias a Dios por aquel arbolito, afirmaron que fue un milagro de Dios, la televisión local se lanzó inmediatamente en rectificar la conclusión de los padres y del niño agradecido, atribuyendo el milagro al vecino que plantó el delincuente vegetal ¡Qué tremendo! ¿De quién es la gloria? El árbol no lo creó el vecino, solo puso en tierra una semilla del Creador y esta agradecida ofreció sombra a los vecinos y vida al niñito.

¿Quién pedirá ahora que corten el arbolito salvador? ¿Se imagina que el vecino plantador hubiera accedido a la petición de los residentes molestos y hubiera cortado aquel arbolito el día anterior a la caída del niño? ¡Qué peso en la conciencia de todo el vecindario!

Dejar una sombra discordante a cambio de la vida de un niño. ¿Quién tuvo razón? Nos alegramos y felicitamos al vecino madrileño. Esto me recuerda la importancia de lo que somos, árboles plantados junto a las corrientes de las aguas de Dios. «Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.» (Salmo 1.3)

Sin lugar a duda causamos molestias al vecindario que mora en las urbanizaciones de la incredulidad y de la ingratitud al Creador, pero como el vecino que no hizo caso a las críticas, sigamos ofreciendo nuestras ramas y nuestros frutos por ésta humanidad perdida que suele cambiar sin sonrojarse a Barrabás por Jesús, las tinieblas por la luz, la muerte por la vida, el sentido común por la irresponsabilidad.

El Salvador sigue ofreciendo la vida a los que juegan al equilibrio encaramados en las alturas del rechazo del Amigo de los hombres. Tarde o temprano se despeñarán al vacío pero el árbol de la vida no estará para pararles en su camino hacia la muerte.

Si desea más información vaya a este link
http://www.rpp.com.pe/2012-05-23-nino-se-salva-de-morir-tras-caer-de-un-noveno-piso-en-madrid-noticia_484789.html

Dios les bendiga

Pastor Alberto Ortega

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